Piensa durante unos minutos…

Es curiosa la forma que tiene nuestro cerebro de traernos los recuerdos. Hoy sin ir más lejos, mientras tomaba el café de las 05:30 de la mañana y al oler su intenso aroma, no he podido resistirme a cerrar los ojos y evocar la sensación que tuve a principios del pasado mes de Abril, mientras tomaba uno muy parecido e igual de intenso en la cafetería A Brasileira de Lisboa.

En enero del pasado año, decidí comenzar a escribir un relato, quizá una novela corta, pero al final acabó siendo una novela completa después de toques y más retoques. En ella, quería explicar mis frecuentes viajes en avión a la capital lusa, en aquella época en que todavía no había vuelos directos y teníamos que hacer escala en la capital española. La narraría en tercera persona, sabedor y conocedor tanto de la acción como de las sensaciones y pensamientos del personaje, así podría contarlo desde fuera y a la vez permanecer oculto y con aires de “sabelotodo”.

Pero entonces me di cuenta de los años que habían pasado desde la última vez que estuve allí y temeroso de que pudiera cometer errores al indicar lugares maravillosos donde pasé mi infancia, tomé la decisión de ir a visitarla de nuevo y junto a una selección de fotografías en blanco y negro que conservo en una de aquellas cajas de lata de cola cao, volé hacía la bohemia ciudad portuguesa con la mente burbujeando recuerdos. Pero esta vez, a diferencia de todas las anteriores, el vuelo fue directo y sin escalas. Una ligera cabezada, un sueño liviano y ya estábamos tomando tierra en otro país.

Enseguida me di cuenta, nada más llegar al hotel, que aquella historia que quería contar como un pequeño relato iba a dar mucho juego. Tenía en mi mano una de las fotografías que llevaba en la cartera y en ella se veía el hall del hotel hacía cuarenta años. Conservaba gran parte de la decoración de la época, incluyendo la magnífica escalera de mármol, las lámparas y algunos de los cuadros que se veían eran los mismos. Me dirigí a recepción y la pregunta que le hice a la empleada que amablemente me atendió fue, si tenía libre la habitación 403. Ante la cara de sorpresa de la muchacha, le conté que hace años mi padre solía reservar esa habitación en las muchas estancias en la ciudad por motivos de trabajo y recordaba las magníficas panorámicas que desde ella se veían. Es una de las mejores habitaciones con vistas al puente —me aseguro la joven. Ya tenía en mi poder la tarjeta que abría la puerta, así que me dispuse a tomar el ascensor.

Dejé la maleta sobre la cama y rebusqué entre las fotografías. Había una en la que se veía parte del ventanal y aunque la vista era la misma o prácticamente igual, evidentemente la habitación había cambiado por completo y ahora, lejos de estar recargada con muebles antiguos, cómodas y armarios, presentaba un ambiente de lo más minimalista, pero al mismo tiempo resultaba cómoda y agradable.

Salí a la calle y comencé a recorrer lugares que recordaba a la perfección y otros en cambio que no me sonaban de nada. A cada poco me sentaba en algún banco público o cafetería y tomaba notas de todo cuanto me pasaba por la cabeza, con las ideas puestas en como plasmaría todo aquello en mi relato.

Aquellos cuatro días fueron de lo más intensos para mí. Volví otra vez a subirme en el tranvía 28 y recorrer en aquel viejo y ruidoso artilugio de hierro y madera, todas las calles de la ciudad. Paseos desde la zona baja hasta la Catedral, para acabar todo el recorrido en el cementerio, justo en el otro extremo de la capital. Volví también a pasear tranquilamente por la Praça do Comércio; a saborear sus exquisiteces gastronómicas, como el arroz de marisco, el bacalao o los mejores pasteles de Belém; la zona del Chiado y el Barrio Alto; el Mercado da Ladra donde compré, igual que hacía mi padre, una cámara antigua de fotografía que haría crecer la colección familiar. Recorrí el barrio de Alfama. Subí a pie hasta el Castillo de San Jorge, me deleité incluso con el canto del celo de los pavos reales que sueltos campan por sus fosos y muros. Todo era viejo para mis ojos y a la vez todo se me descubría muy nuevo.

Tocaba regresar a casa. Tomar un avión de vuelta que me llevaría de nuevo al tiempo real, al trabajo y a la rutina diaria. Me dirigí hacia el aeropuerto no sin antes hacer unas fotografías desde aquel balcón de la habitación e impregnarme de sus vistas para siempre.

Los recuerdos traen recuerdos pensé en aquel momento y mientras permanecía sentado en aquel avión todavía con el cinturón abrochado tras el despegue, me puse a recordar el último viaje que hice un verano con mi padre. Había atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión… París había colmado de nuevo todas mis expectativas. No recordaba tanta belleza en sus calles, en sus bulevares, en sus puentes. Navegamos en su río, visitamos palacios, catedrales… museos. La Tour Eiffel le causó tal sensación al verla por primera vez, que las lágrimas le brotaron durante varios minutos.

De noche, mientras él descansaba, bajé a tomar una copa en el bar y casi sin darme cuenta acabé haciendo el amor apasionadamente, como no recordaba, con una muchacha que conocí aquella misma noche. Contemplé la luna y acabé pidiéndole unos deseos que por otro lado sabía ya en aquel momento que serían del todo imposibles. De camino a casa, y cuando el sol iluminó mi cuaderno de notas a través de la ventanilla del avión, escribí unas líneas.

Ha realizado su sueño —pensé. Acompañé en aquel viaje a mi padre a sabiendas que jamás volvería a pisar París. Los seis cortos meses de vida que le habían pronosticado todos los médicos, habían caducado justo la semana anterior. Al llegar a casa se le notaba cansado, algo abatido, pero nos dijo sentirse muy contento e ilusionado.

Le vimos marcharse despacio tres días después sin ninguna estridencia. Cerró los ojos sintiéndose, creo, realmente feliz. Lo había conseguido. Estoy convencido de que consiguió su sueño.

Entre las últimas líneas que escribí en aquel cuaderno durante mi vuelo de regreso de la capital lisboeta, plasmé la firme convicción de que no sería un relato lo que escribiría, ni tampoco una novela corta. La noche que conocí a Berta en el bar del hotel de París, me aportó tantas y tantas sensaciones agradables, que decidí construir una completa historia con nuestra corta relación y decidí también que esa historia debía plasmarla en papel, para que la gente que la leyera, conociera algo más de ella y no únicamente su bonito nombre.

No acabé escribiendo la novela que tenía pensada en origen, es cierto, pero me di cuenta que no hacía falta explicar en un libro mis vivencias, ni tampoco las horas que nos pasábamos mi hermana y yo jugando en los aeropuertos, ni tampoco me pareció en aquel momento que pudiera resultar un tema interesante de leer. Así que al final, no hablaría de mi padre, esos recuerdos, esas vivencias, todo eso, lo guardaré para esos momentos en los que alguien te dice…

Piensa durante unos minutos en un recuerdo y anótalo en un papel.

Gracias por todo.

.

.

.


.

20150402_114124

15 Comentarios Agrega el tuyo

  1. cristinafra dice:

    Bellos recuerdos, ya me has hecho ganas de leer esta novela que preparas.
    Lo que hace la memoria en las sensaciones y los aromas.
    Petons

    1. josep dice:

      La memoria… Yo cada vez que recuerdo ciertas cosas me recorre un noséquequéqueséyo por la columna vertebral que ufff…

      Petonets tambe per a tú.

  2. Bonita historia.
    Me dejaste con ganas de leer esa nueva novela. Da igual cual sea el origen que te empuja a escribir, o lo que te hace iniciar una historia, y da igual si luego traicionas esa primera idea y continuas por otros caminos, lo importante es el resultado final, que seguro en tu caso será muy bueno.
    Un abrazo.

    1. josep dice:

      Cachuentó Alberto, si no fuera por la barba ya me estaría enamorando… no hombre, de tus palabras digo. Pensamientos en voz alta. Sólo notas en un cuaderno.

      Como decía el Sr Bennington “Cuando estoy escribiendo, estoy constantemente pensando en mí mismo, porque es la única experiencia que tengo…”

      Un abrazo Barcelonés.

  3. siby23 dice:

    Muy lindo lo que escribes Josep, estoy segura,
    sera una victoria mas ganada por tu magica
    pluma, felicidades y que sifan los exitos.

    besitos dulces
    Siby

    1. josep dice:

      Tal vez Siby lo que ocurre simplemente, es que me inspiro en mi forma de pensar y eso se convierte en el reflejo de lo que escribo.
      Eso, y tú que lo ves con muy buenos ojos.

      Besos de esos, aunque estés lejos.

  4. Muy sentido, hermoso querido Josep!
    Betons y petons!!!

    1. josep dice:

      Aquello que vemos proyectado por la persona que escribe, no siempre tiene porque ser el espejo del alma, pero… a veces, los recuerdos mecen la mano que mueve la pluma.

      Un petonás, sí sí.

  5. Chelo Puente dice:

    Vamos, vamos a ponerse a escribir y a empezar a dar forma a esa historia que está latente entre esos tenues recuerdos.
    Bon dia, amic meu.

    1. josep dice:

      Ese cosquilleo que provoca una pluma estilográfica entre los dedos, a veces, incita a que fluya la tinta sobre el papel…

      Petonets.

  6. 76sanfermo dice:

    El escritor describe lo que ha vivido , añadiendo sus propias impresiones , sus proyecciones, sus deseos, y sus sueños..
    A través de sus sentidos , nos llega algo único e irrepetible …..!

    1. josep dice:

      O incluso a vece lo que le gustaría vivir. hay una acertada frase de la Señora Woolf que dice así. “La verdad que escribir constituye el placer más profundo, que te lean es sólo un placer superficial.”
      Y es que cuando la imaginación y la pluma se sueltan… son difíciles de controlar.

      Besitos for you.

  7. Iris Luna dice:

    Qué bonito. Tengo ganas de leer esa novela.

    1. josep dice:

      Ains… No me digas esas cosas que me… que me…

      Tantas cosas revoloteando en la cabeza y buscando hueco en mi cuaderno…

      Te aviso. Besos.

Déjame un comentario... si te apetece.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s