La censura…

Es curiosa la intrusión que quieren tener en tu vida los humanos. Si escribes “loquesea” se asocia a que te acaba de ocurrir a ti. Si es sobre algo gris y/o triste es porque estás mal. Si es algo romántico, es que estás enamorado hasta las trancas. Si es algo erótico, que solo piensas en el sexo. Si cuelgas tu bitmoji te llaman el muñequitos. Y no digamos ya si escribes poesía romántica, que entonces eres… un perfecto mari…

Sufres una censura que, o te afecta de verdad, o pasas de ella olímpicamente. Eso va a rachas. Se ha criticado mi penúltima novela (incluso sin leerla) por ser de contenido sexual, aunque se han distribuido cerca de 200 ejemplares, también la primera por estar cargada de ilusiones. El segundo libro se criticó por ser reiteradamente erótico y por lo menos gracias a Dior de mi última novela policíaca se dice que he encontrado mi nicho de escritura, mi tema, mi género, el hilo rojo de donde tirar. Vaya, por fin llueve a gusto de todos.

Se olvidan de algo… mi derecho a escribir sobre lo que me de la gana, aunque no alcance sus expectativas y se olvidan también de su derecho a no leerme si no les apetece lo que ven.
Algún día se darán cuenta de que soy así, un tipo básicamente sencillo que siente y padece igual que todos los demás aunque no juegue en la liga de los grandes, en esa de las personas que se creen superiores a todos los demás.
Sin comentarios en estos muros eso sí, pero seguimos luchando, seguimos estando ahí.

Como siempre. Gracias.

 


No soy