Tres botones…

Dejó reposar su cabeza sobre mi hombro cuando notó mi mano izquierda que la acariciaba, y cerró sus grandes ojos negros al sentir que los dedos de mi otra mano, se abrían paso a través del espacio que deliberadamente había entre sus botones. La imaginación se convirtió en un juego táctil muy real… Se llenó…